Fecha de publicacion: 2018-09-29 / Categoria: Cultura / Fuente: abc color
La victoria esperada
Hoy se recuerda el 86 aniversario de la victoria paraguaya por la que se recuperó el fortín Boquerón, tomado a finales de julio de 1932 por las fuerzas bolivianas, como represalia por la retoma paraguaya del fortín Carlos Antonio López, a mediados de junio de aquel año, hecho que prendió la mecha de la conflagración chaqueña. Veinte días de cruento batallar llegaron así a su fin.

“El día 29 se setiembre de 1932, en Boquerón, cuando las tropas paraguayas ingresaron al fortín, yo me paseaba en el patio y al divisar grupos que andaban indagando por encontrar al comandante de las tropas defensoras, me dirigí hacia ellos entablando una ligera conversación con todos ellos pues al parecer eran soldados y uno que otro oficial uniformado igual que la tropa.

Luego fui presentado al capitán Santiviago, un oficial apuesto y caballeroso quien inmediatamente me interrogó qué era lo que deseaba y, al haberle manifestado que lo que yo me había propuesto al enviar parlamentario al comando paraguayo, era precisamente poder conferenciar y tratar acerca de esa lucha titánica e interminable para nosotros, es decir, resolver sobre su final desenlace.

El referido capitán, una vez enterado de mis intenciones, me acompañó hasta el puesto de comando del mayor Bray, tratándome en el trayecto con toda clase de consideraciones y luego de haberme presentado al citado jefe se despidió de mí no sin antes solicitarme que le diese algún recuerdo mío, a lo que por toda respuesta le abrí mi carta porta parte de donde extrajo algunas tarjetas mías y un pequeño croquis del fortín. Pues deseo que conste, las palabras con las cuales me hizo tal solicitud y como profesional también tuve una muy agradable impresión de este gallardo oficial, me dijo lo siguiente: ‘me supongo que Ud. comandante, debe tener en su poder en este momento, algo de útil, y de importante para un profesional’. Lo demás queda ya indicado.

Esta relación es la expresión fiel y verídica de la verdad, que otra cualquiera no sería sino una invención de quienes traten de modificar y adulterar los acontecimientos que tuvieron lugar durante ese día en Boquerón.

Asunción 10 de octubre de 1932” 

“Tcnel. Marzana”.

Luego de casi una veintena de días de encarnizado asedio al fortín en poder de las tropas bolivianas comandadas por el teniente coronel Manuel Marzana Oroza. El día 28 de septiembre los paraguayos atacaron de nuevo el fortín Boquerón y pequeños grupos lograron ingresar en las posiciones conquistadas por la 1ª. Compañía, dos días antes.

La víspera

En horas de la noche la brecha fue ampliada consiguiendo ingresar la totalidad de la 3ª. Compañía del Primer Batallón, al mando del teniente 1º Augusto Guggiari, ocupando las posiciones enemigas, introduciendo de esa manera una peligrosa y mortal brecha entre los defensores bolivianos de Boquerón. Muy cercanas, estas fuerzas contaban con fuertes reservas –la 1ª y 2ª compañías, del I Batallón, situadas a unos 150 m a sus espaldas, y el II Batallón al mando del capitán Isaías Báez Allende, como reserva del Regimiento (Nº 6).

Este apoyo permitió el éxito del asalto decisivo, la ampliación de la brecha y la penetración profunda hasta el fortín y acarreó el próximo derrumbe de la defensa de las posiciones bolivianas, llevando al colapso final.

Las irrupciones de las tropas del RI 6 “Boquerón” de los días 26 y 28 de septiembre golpearon duramente las condiciones morales de los defensores bolivianos del fortín, pues les llevó a darse cuenta de que sus posiciones no eran inexpugnables, como estaban convencidos.

Ese y otros factores –como las dificultades para procurarse refuerzos, conseguir proyectiles, alimentos, medicinas y agua potable, entre otros– llevaron al comando boliviano a comprender que su situación, de por sí delicada, se había vuelto crítica. El estado moral, espiritual y material de los bolivianos estaba llegando al borde de la postración. Habían llegado al límite de su resistencia, lo que llevó al teniente coronel Marzana y otros jefes que estaban vencidos y perdidos. No había otra salida que la rendición.

La rendición

En la noche del 28 de septiembre el comandante Marzana realizó su última reunión de oficiales. En dicha reunión comunicó su decisión de capitular al día siguiente.

Al amanecer del día 29 de septiembre de 1932 las fuerzas paraguayas del Primer Cuerpo de Ejército se aprestaban para realizar un asalto general. “Estábamos esperando la señal convenida”, escribió un protagonista de aquellas heroicas jornadas, “cuando de pronto, estupefactos, observamos que en todo el frente a la vista, el enemigo enarbolaba trapos de color blanco”. Era la rendición.

Eran aproximadamente las 5 am. “No puede describirse el júbilo y algazara que se producían entre nosotros. Los trapos enarbolados empezaron a avanzar hacia las posiciones paraguayas, si bien no salían aún de las zanjas por las que transitaban… Entonces para darles ánimo, saltamos sobre el parapeto, para gritarles que avanzaran de a uno”.

Se adelantaron los tenientes bolivianos Daniel Aguilar y René Miranda, seguidos de cerca de una veintena de soldados, preguntando por el comandante paraguayo. Se les acercó el teniente Enrique Sánchez Domínguez, el oficial de mayor antigüedad de aquella posición, y les ofreció junto con los demás camaradas agua de sus cantimploras y su “ración de hierro”, una lata de carne conservada.

A continuación Sánchez llamó a un cadete, a quien ordenó condujera a los prisioneros al puesto comando de la 3ª Compañía a cargo del teniente Guggiari.

Poco después llegó hasta donde estaba Sánchez el comandante del primer batallón del R.I. 6 “Boquerón”, capitán Luis Santiviago, acompañado de su ayudante brigadier Milciades Sánchez. Ordenó a aquel que lo acompañara y, juntos los tres, avanzaron hacia el fortín, distante a unos 300 metros.

Llegaron al centro del fortín, donde ya se encontraba el capitán Julio B. Jara, del R.I. 4 “Curupayty”, reunido con dos o tres oficiales. Preguntaron por el comandante boliviano y unos soldados los condujeron a su tuca. Avisado, el teniente coronel Marzana se presentó ante Santiviago y, luego de una breve conversación, acompañó a este hacia las posiciones paraguayas del R.I. 6 “Boquerón”, a cuyo comandante, mayor Arturo Bray, entregó al prisionero, por expreso pedido de este, pues había caído en sus manos una copia de una circular que tenía consigo el cadete Rogelio Fiore, caído prisionero el 17 de septiembre, y firmada por Bray, en la que este expresaba “Que la vida del prisionero era sagrada y ella debe ser respetada…”.

Una vez entregado el valiente jefe boliviano, el mayor Bray en persona lo condujo hasta el puesto de comando del Primer Cuerpo de Ejército. Así terminaron veinte sangrientos días de la primera gran batalla de la Guerra del Chaco, cuyo 86 aniversario hoy recordamos.

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