Fecha de publicacion: 2019-08-28 / Categoria: Sociedad / Fuente: la nación
Descubriendo el mundo de las mujeres que hacen ciencia en Paraguay
El tiempo de las mujeres es hoy, lo demuestran estas seis científicas que investigan áreas diversas con pasión y energía contagiosa. Expresan desde la necesidad de conservar el bosque chaqueño y sus especies, hasta la importancia de la investigación de base en el país.

Dos de ellas abordan la difícil tarea de investigar el cáncer, una desde lo específico del cáncer de colon, la otra desde la topología del ADN, mundos donde los avances técnicos están consiguiendo resultados que todavía no llegan a las mayorías, pero que muestran caminos posibles para mejores tratamientos. 

 

La alimentación es otro punto al que llegan desde abordajes diferentes otras dos, una interviniendo en la genética animal buscando mejorar las carnes, la otra con el descubrimiento botánico más importante de los últimos años en el país, un tipo de mandioca silvestre que sólo crece en el Chaco y que podría aportar genes para producir un tipo de cultivo que se adapte a zonas áridas. 

 

Una trabaja en la posibilidad de hacer una cerámica que ayude a la recuperación de fracturas y tratamientos óseos es la aplicación práctica de un arduo trabajo en un moderno laboratorio de materiales. Otra explica que el bosque chaqueño es más valioso de lo que está comprendido y que es fundamental poner en valor la biodiversidad. Las invitamos a descubrirlas.

 

La enfermedad maldita es el centro de los estudios de esta doctora en Biología Molecular que regresó al país tras 21 años de trabajar en España especializándose en el cáncer de colon.

 

“Es una enfermedad multifactorial, genética, que presenta alteraciones en el organismo en un determinado tejido u órgano, a determinada edad”, dice Ruth Zárate Romero. Cuenta que la edad es un factor clave, “porque a mayor edad la maquinaria genética tiene ciertos fallos que pueden no repararse y en el tiempo acumularse e iniciar una carcinogénesis y a ello se suma el hábito dietético, y el factor ambiental o geográfico”, señala.

Lo ejemplifica con una población en Castilla León, “que se alimenta a base de embutidos, chorizos, jamones, pancetas y esa alimentación con excesos de grasas saturadas, más allá de la manera en que se elaboren, ya sea totalmente artesanales y sin agregados químicos, no favorece para nada, por lo que en esa región se observa una gran incidencia del cáncer de colon”.

 

Zárate Romero cuenta que “tras estudios moleculares en la población, para ver si la clasificación europea o internacional cuadra con nuestra población, es decir, que los genes alterados con el cáncer de colon esporádico o hereditario son los mismos, puede decir que tenemos el mismo patrón de mutación”. Para ello, está “iniciando colaboraciones con médicos oncólogos, cirujanos y patólogos, para seleccionar el tejido tumoral o sano del paciente sobre el que se realizaría el trabajo. Estoy en ese proceso, presentaremos en este setiembre el adelanto de un proyecto con el médico patólogo Antonio Cubilla, un adelanto sobre el trabajo que pensamos realizar sobre cáncer de colon en población paraguaya. 

 

No hay un gran archivo de casos, que es lo que hay que construir”, dice la especialista. Cuenta que lo hará asociada al Centro de Desarrollo para Investigación Científica (Cedic), desde donde hará el trabajo en colaboración con patólogos y oncólogos, señalando que está buscando colaborar con instituciones públicas como el Instituto de Previsión Social (IPS) o el Instituto del Cáncer (Incan), que son los que tienen elevados casos de pacientes. La idea de comprender cómo se dan los casos de cáncer de colon en el país aplica a la posibilidad de generar un mejor tratamiento.

 

“Alto desarrollo en genética animal”

Johanna Leiva Revilla es peruana de nacimiento y bióloga. Trabaja en reproducción y mejoramiento genético animal. Ahora investiga cómo la maca, una planta andina, puede mejorar el rendimiento de los espermatozoides congelados de bovinos. “La idea es hacer un cocultivo con este extracto de planta y ver si mejoran los parámetros seminales en general a lo largo del tiempo”, dice y agrega que la “idea es alimentar a los toros con estas plantas para que el semen sea mejor”, explicando que el semen congelado utilizado en las inseminaciones, al ser congelado y descongelado, genera radicales libres de oxígeno (ROS). “Esta planta tiene la peculiaridad de ser un importante antioxidante. 

 

Trabajamos con ella porque sabemos de sus características, pero luego lo haremos con plantas locales, paraguayas, estamos proyectando hacerlo con 5 variedades y buscar las que pueden aportar algo mejor para el semen del toro”, desarrolla.

“Estamos comenzando a ver marcadores moleculares para mejoramiento genético de bovinos, porque esto puede determinar que un animal tenga una mejor producción de carne o una mejor producción de proteínas de la leche, resistencia a enfermedades, reproducción más eficiente”, explicó.

 

Se muestra entusiasmada con un proyecto próximo a comenzar, en el que estudiarán “la resistencia a enfermedades, por ejemplo garrapatas, ya que un toro que se infecta mucho con ellas tiene problemas reproductivos, cuando lo soltamos al campo, en lugar de preñar 25 vacas, lo hace en menor cantidad”, apunta y agrega que si se pueden “producir animales con marcadores de resistencia a garrapatas, las cosas cambian. 

 

Es un sistema nuevo, todavía un poco caro, pero la idea es que se refleje en una ganancia importante para el productor”, señala. “La idea es complementarlo con el área de embriones, producir embriones que ya vengan con estas características”, abunda.

 

“Armonizar producción con biodiversidad”

“Hay un cambio de uso de suelo muy importante en el Chaco, por lo que estoy trabajando mucho con los productores agropecuarios, para tratar de lograr la conservación en áreas productivas tiene que haber un compromiso y un interés por parte del productor”, dice la bióloga Andrea Weiler y explica que el bosque chaqueño es más valioso de lo que está comprendido y que es fundamental poner en valor la biodiversidad.

 

“Trabajamos en todo el Chaco seco”, contó para mostrar su especial atención en el yaguareté. “Es importante indicar que entran a producir ganado en este hábitat dominado por grandes felinos y aparece un conflicto. El yaguareté, cuando ve una vaca, solo la entiende como alimento, entonces, trabajamos con productores en un monitoreo para saber por qué, cómo y cuándo ocurren los ataques, cuáles son las categorías de ganado más vulnerables y qué técnicas podemos utilizar que no sean invasivas, que no impliquen matar al felino para poder desmotivar al yaguareté para llegar al ganado”, comenta.

 

“Si él está muy decidido a matar el ganado, es poco lo que podremos hacer, pero si él anda caminando viendo comida y escucha un ruido que le molesta, ve una luz que no conoce, puede desalentarse. Estamos también probando con cercos eléctricos. Cuando los productores se dan cuenta que las cosas funcionan o tienen lógica, eso ayuda”, agrega.

 

Como parte de ese trabajo, está próxima a publicarse la “Guía para la identificación de mamíferos pequeños y medianos en el Chaco seco”, destinada a los productores, “para que puedan conocer y valorar, es fundamental trabajar en la educación y en el conocimiento de la biodiversidad, que se sepa. 

 

“Hay especies que dependen del bosque, el pecarí labiado; el tatú carreta; el tapir, que si bien usa las cortinas forestales como corredores, tiene relación fuerte con el bosque, en los registros tenemos que 116 días está en el bosque y 16 días en pastura, porque llegan a las aguadas, pero lo hacen solo en tránsito, su actividad está en el bosque”, señala.

“Cerámica para la regeneración de huesos”

 

Se llama Hidroxiapatita y es el objetivo de los estudios de esta ingeniera mecánica, especialista en materiales y brasileña de nacimiento. Conseguir producir el polvo para hacer esta cerámica biocompatible, que es utilizada para la regeneración ósea en el área de salud, es la tarea principal de Magna Monteiro. “Estamos con el avance de la creación del laboratorio de materiales, y tenemos dos líneas de investigación. Síntesis de hidroxiapatita y procesamiento de hueso bovino para la producción de hidroxiapatita natural”, cuenta.

 

Este material se usa en el mundo en fracturas, en la reconstitución maxilofacial y también en el recubrimiento de implantes metálicos para favorecer la adhesión celular. “Ahora estamos teniendo el dominio de la técnica en Paraguay y es importante porque la carrera de las patentes, es muy ardua”, expone la científica. “La hidroxiapatita se usa como revestimiento del implante metálico, porque este es inerte y no reacciona con el medio, el implante metálico no favorece al proceso de cicatrización y regeneración ósea, por ello, se lo reviste para integrar más rápidamente al hueso”, dice. 

 

Esta sería una cerámica que se obtiene en laboratorio y es un material caro, pero Monteiro dice que se puede conseguir una hidroxiapatita de fuentes naturales, que se la utiliza para la captura de metales pesados. “Es ideal para quitar plomo, mercurio en aguas y también en suelos, tanto en industria como la metalmecánica, residuos de pintura, donde se use el metal pesado como materia prima y se elimine como aguas residuales”, explica.

 

Cuenta que desde hace 11 años investiga en nuestro país y que está cerca de cumplir el sueño de que el laboratorio de materiales pueda llegar al desarrollo de nanotecnología. Es decir, de estudiar a niveles estructurales nunca antes vistos en el país. “Estamos adquiriendo equipamientos únicos en el país, estamos comprando un equipo de defracción de rayos X que servirá no sólo para la UNA sino para el país”, comenta y agrega que equipos como estos, dedicados al estudio de materiales, pueden darle grandes satisfacciones a la ciencia nacional, indicando que apostar por la ciencia es el camino a los grandes logros.

 

“Mandioca silvestre única del Chaco”

“Manihot takape” se llama la variedad de mandioca que descubrió en el Chaco el equipo de investigadoras que integró Juana De Egea, bióloga botánica especialista en taxonomía, la ciencia que nombra, clasifica y ubica a las especies. “Una de mis líneas de investigación más importante es la de los estudios fitogenéticos, son plantas que son parientes silvestres de especies de importancia para la alimentación y la agricultura”, cuenta. Estos parientes silvestres pueden servir de donantes de genes para las especies cultivadas como la mandioca, el maní, la yerba mate, entre otras y de allí la importancia de esta pesquisa. “Lo que hicimos con el proyecto fue estudiar y lograr identificar todas las especies silvestres parientes de estos géneros e hicimos una publicación en la que inventariamos. 

 

Las buscamos en el campo, hicimos material de herbario y registramos todos los datos conocidos, materiales de herbarios que estaban en el país y en el exterior, con lo que armamos una base de datos para reconstruir la biología de las especies, donde crecen, coordenadas geográficas, mapas de distribución, ecología y taxonomía, identificaciones de todo ese material y también un libro que tiene una clave de identificación”.

 

El volumen tiene un título largo, acorde a su importancia: “Recursos Fitogenéticos del Paraguay, Sinopsis, Atlas y Estados de Conservación de las especies de importancia para la alimentación y la agricultura” y surgió de un proyecto que duró unos tres años. El aporte de las silvestres a las cultivadas se puede hacer a través de cruzamientos controlados, aunque De Egea dice que la metodología más apropiada sería a través de la biotecnología. “Hicimos un listado de las especies endémicas, las que sólo crecen en el territorio paraguayo, cuya conservación le corresponde al país. Son unas 320 especies que sólo se conocen en el territorio paraguayo y muchas de ellas se conocen de una colecta hecha a comienzos del siglo XX, por lo que esas especies podrían estar extintas o podrían con futuras expediciones volverse a encontrar”, precisa.

 

“El estudio del ADN es fascinante”

María José Fernández defiende la investigación de base porque asegura que es allí donde está la fuente de todo. Esta bióloga molecular y lleva 10 años estudiando las células MEL. Dice que la topología del ADN es un estudio fundamental y un campo donde el país ya está pudiendo indagar. La científica explica que con células de ratón, infestadas con cáncer, están probando drogas para hacer que las mismas se conviertan en glóbulos rojos deteniendo así su proliferación. “En una célula tumoral, la proliferación está totalmente descontrolada, poder concluir ese ciclo es fundamental para cerrarlo, hacer que muera”, comenta. 

 

La célula del cáncer nunca termina de madurar, forzarla a hacerlo, es el objetivo. “La tarea es reprogramar una célula cancerígena (leucémica) para que se convierta en una célula madura. Lo pudimos hacer combinando esto con edición genética para modificar el genoma usando la herramienta CRISPR, que es un boom a nivel mundial”, comenta y agrega que “estas tijeras genómicas, son una tecnología de última generación que permite eliminar, o suplantar genes y ver qué hace con la diferenciación de las células cancerígenas del ratoncito”.

 

Fernández dice que de resultar las investigaciones, tendrían como aplicación práctica la posibilidad de “intervenir el cáncer, diseñar drogas más específicas para el tratamiento”. Después lo describe técnicamente: “La topología es la forma en la que el (espiral del) ADN se pliega tridimensionalmente en el espacio. Y eso a su vez está regulado por unas enzimas que se llaman topoisomerasas, que son muy importantes, porque son el blanco de la mayoría de los tratamientos anticancerígenos que existen”.

 

La científica explica que las “topoisomerasas liberan la tensión torsional que se acumula en la molécula de ADN, son unas enzimas que cortan el ADN y hacen que gire y libere la tensión. Vale decir que ocurre una replicación, transcripción y recombinación, tres procesos que implican una apertura de la doble hélice y es allí donde se puede intervenir. Esto tendría como aplicación práctica el diseño de nuevos agentes quimioterapéuticos para el tratamiento del cáncer, ya que la mayoría de los cócteles tienen agentes inhibidores de topoisomerasas. Al impedir la acción de las topoisomerasas, el ADN no se relaja y la célula no muere”. Para apoyar esa tarea, trabajan con modelos informáticos, con la colaboración del profesor paraguayo Jorge Bernardo Schwartzman, que vive en Madrid, pero que tiene su corazoncito con nosotros.

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