Fecha de publicacion: 2020-01-22 / Categoria: Nacionales / Fuente: Abc color
Fugas masivas: la de Pedro Juan fue apenas otro capítulo en la historia
El 19 de enero, cuando 75 reclusos de la penitenciaría de Pedro Juan Caballero pusieron literal y figurativamente pies en polvorosa no estaban rompiendo ningún récord nacional. Se podría decir que apenas estaban siguiendo una tradición que tiene como antecedentes dos grandes fugas masivas ocurridas en tiempos de democracia, una en 1993 y otra en 1998.

Se supo cuando rompía el alba del domingo pasado. Setenta y cinco reclusos, la mayoría miembros del Primer Comando da Capital (PCC), catalogados entre los criminales más peligrosos del país, se habían fugado del penal de Pedro Juan Caballero. Los presos abrieron un túnel de aproximadamente 15 metros, aunque muchos dudan de que en realidad lo hayan usado para huir. El propio ministro del Interior, Euclides Acevedo afirmó que la complicidad de los guardias es evidente y que se trató de una “liberación” y no de una fuga. Acevedo -y muchos más- ni siquiera cree que hayan salido todos el mismo día, sino que lo hicieron a lo largo de la semana. Es difícil saberlo, porque convenientemente no existirían grabaciones de las cámaras de seguridad. 

Pero esta no es la primera vez que se produce una huida masiva de las cárceles paraguayas. La historia reciente da cuenta de dos casos de envergadura similar al actual. Ambos tuvieron como escenario la cárcel de Emboscada, entonces catalogada como de “máxima seguridad” y casi causa gracia ver que entonces las autoridades de turno hacían afirmaciones similares a las que emiten las actuales. 

67 fugitivos y promesas de vigilancia

El primero de estos casos ocurrió a primeras horas de la mañana del 2 de junio de 1993, hace casi 27 años, cuando de la cárcel de Emboscada se fugaron 67 internos. De acuerdo a las publicaciones de aquella fecha, 14 presos enseguida fueron recapturados y tres murieron ahogados mientras intentaban cruzar nadando el río Piribebuy.

Tapa del diario ABC Color del 3 de junio de 1993.

“Es una experiencia nueva; no es normal que 67 reclusos se evadan. Que uno se evada sí puede ocurrir, pero 67 es una experiencia nueva y creo que hay que tomar medidas”, expresó a la prensa el entonces ministro del Interior, Hugo Estigarribia Elizeche, según se lee en un ejemplar impreso del diario ABC Color fechado el 3 de junio de ese mismo año. 

El secretario de Estado se trasladó hasta la sede del penal para interiorizarse de lo sucedido y afirmó que de ahí en adelante serían reforzados los sistemas de vigilancia externa e interna del penal. Pese a la fuga masiva, en opinión del exministro Estigarribia, el penal de Emboscada seguía siendo de “alta seguridad” porque “tiene paredes de gran grosor” y hay un sistema electrónico por medio de circuito cerrado de televisión”.

El rastrillaje efectuado entonces por fuerzas combinadas del Ejército, la Policía y el Ministerio del Interior tuvo rápidos resultados y el mismo día de la fuga se logró recapturar a 14 fugitivos en zonas aledañas a Emboscada. Para el día siguiente ya habían atrapado a 34 internos.

Dos de los aprehendidos eran de los entonces calificados como peligrosos delincuentes. Se trataba de Cosme Damián Quintana, alias “Chino-i”, y “Mberu-i” Paredes Flecha, quien soportaba una condena de 30 años por homicidio en asalto. Al ser atrapado, este último declaró que la fuga había sido “muy fácil”.

Para huir, los reos habían abierto un boquete en una de las paredes de la cárcel. Como herramienta solo fue necesario “un resto” de madera sacada de uno de los camastros de las celdas, así como un objeto punzante obtenido del soporte metálico de la pata de una mesa. Para la fuga solo necesitaron 10 minutos, según indicó en aquel entonces a la prensa el titular de la Dirección General de Institutos Penales, Víctor Núñez.

Entonces se determinó que las paredes del penal eran “muy frágiles porque conservaban mezclas antiguas que no fueron reforzadas, pese a advertencias que supuestamente realizaron a quienes se encargaron de remodelar el penal (anteriormente reservado para menores de edad infractores de la ley) para convertirlo en una cárcel de alta seguridad".

106 fugitivos y unos 30 muertos

La fuga ocurrida en 1998 fue sangrienta. De ella participaron más de 100 reclusos.

La segunda fuga fue aún más masiva y ocurrió el 26 de febrero de 1998. En total se escaparon 106 internos, más de la mitad de los presos, ya que la población de la cárcel era de 203 reclusos. En ese episodio un guardiacárcel fue asesinado por el célebre criminal Nelson Escurra, alias Kuré Blanco, quien lideró la fuga.

Dan cuenta las publicaciones de la época que al menos 60 presidiarios fugados fueron rápidamente recapturados y unos 30 ultimados en tiroteos con la Policía, ya que los fugitivos también contaban con armas robadas. 

ABC Color narró en crónicas de la época que Escurra dirigió al grupo de 106 reos que tomaron de rehén a un guardiacárcel, atropellaron la armería del penal y se fugaron. “Al salir a la calle, Escurra asaltó un surtidor, robó una camioneta y escapó hacia Limpio, en compañía de otros dos evadidos. Después, abandonaron ese vehículo, pararon otro rodado en la ruta y ejecutaron a su propietario, de 60 años de edad, para sacarlo del mando del volante. El vehículo fue interceptado por la Policía, volcó, se desató un enfrentamiento y Kure Blanco y sus cómplices fueron recapturados, aunque producto de esa refriega perdió la vida un policía”, se lee.

“Es alarmante la precariedad de este edificio, ni siquiera los macizos muros ya ofrecen garantías; se encuentran muy deteriorados. Supongo que ya cumplieron el tiempo de vida útil. Estos fueron construidos tras la guerra contra la Triple Alianza y, hasta donde yo sé, jamás fueron sometidos a mantenimiento. Tal es así que hasta con una cuchara pueden ser excavados", contó en 2006, rememorando el hecho, Genaro Ramírez, quien fue varios años guardia de esta cárcel.

Desde luego que hubo otros casos de fugas y rescates de las diferentes cárceles del Paraguay. Pero la mayoría fueron aislados de una o dos personas y palidecen ante estos tres casos en los que decenas de presos abandonaron la reclusión en simultáneo. Son casos que de tan impactantes tuvieron incluso repercusión en los medios internacionales. 

Nuevas penitenciarías

El año pasado, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) adjudicó la licitación para la construcción de tres nuevas penitenciarías: dos en Emboscada y una en Minga Guazú. Los primeros trabajos de construcción de las cárceles se iniciaron en noviembre pasado.

El consorcio Aponte-Latorre fue adjudicado con la cárcel en Emboscada, por un valor de G. 62.234 millones. El consorcio Cordillera (integrado por Edivisa y Heisecke SA) para otra prisión en Emboscada por G. 62.299 millones. Para la de Minga Guazú, el Consorcio Seguro (integrado por Engineering, Puntual y Vía Sur) por valor de G. 66.342 millones.

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