El estudio científico fue realizado en la Morgue Judicial de Asunción a pedido de la agente fiscal Katia Estela Uemura, del Ministerio Público de Pedro Juan Caballero. Los médicos forenses determinaron de forma oficial que se trató de una muerte violenta.
Uemura mencionó a nuestra emisora que el informe revela signos contundentes y presenta señales de asfixia de acuerdo a los resultados.
El procedimiento forense estuvo a cargo del doctor Pablo Lemir y la doctora Liliana González. Los profesionales detallaron que el cadáver correspondía a un recién nacido de sexo masculino, con aproximadamente 37 a 38 semanas de gestación y un peso de 3.580 gramos.
La inspección del cuerpo detectó cianosis en los labios y las uñas, además de marcas de sangrado en la nariz y la boca. Igualmente hallaron una lesión tipo estigma de uña en el lado derecho del cuello y otras tres marcas en el lado izquierdo del mismo sector.
Los médicos aplicaron pruebas técnicas conocidas como docimasias, las cuales arrojaron resultados positivos. Estos exámenes confirmaron que los pulmones del bebé contenían aire, lo que demuestra científicamente que el recién nacido llegó a respirar al momento de nacer.
El informe concluye que la causa médica de muerte fue una asfixia mecánica por sofocación por compresión cervical y probablemente de los orificios respiratorios. Ante estas evidencias contundentes, la investigación fiscal toma un rumbo totalmente diferente.
El hallazgo se había producido en el centro de especialidades Juan Pablo II del barrio Obrero, el pasado 11 de junio. En ese lugar, una mujer de 30 años, ingresó al baño por dolores estomacales y dio a luz al bebé, siendo derivada luego al Hospital Regional, donde la médica de guardia, doctora Karen Acosta, constató que el pequeño no tenía signos vitales.
La madre alegó en su momento que desconocía su estado de gravidez, pero el resultado de la autopsia descarta ahora una muerte natural dentro del vientre.
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